21sep/10Off

El record de velocidad de Alfred Letourneur – 1941

bikeEsta extraña bicicleta que, seguramente, habéis visto ya con anterioridad en Internet fue utilizada por Alfred Letourneur para establecer el récord mundial de velocidad en 1941. Este récord de velocidad fue parte de una campaña de publicidad del fabricante americano de bicicletas Schwinn que, después de su éxito con las bicicletas de niño con ruedas de balón, intentaba en esa época expandir su negocio y crear un nuevo mercado de bicicletas para adultos entre las clases medias de los Estados Unidos. Para los directivos de Schwinn, una marca que había sido pionera en introducir la garantía de por vida en sus cuadros y que se enorgullecía de la innovación y calidad de sus productos, no había mejor forma de demostrar la robustez y fiabilidad de su nueva linea de cuadros 'Paramount' de pista, carretera y touring que con la consecución del récord de velocidad. Para ello contaron con uno de los más prestigiosos y aclamados corredores de carreras de 6-días de la época, Alfred Letourneur. Este ciclista de origen francés, también conocido como 'el diablo rojo', había desarrollado gran parte de carrera profesional en Estados Unidos y Canadá y ya contaba en su haber con un récord anterior de 147 km/h conseguido tras una motocicleta en un velódromo.

letouneur

En esta ocasión, sin embargo, el intento sobre el récord se iba a realizar en un larga recta de una carretera en California y el ciclista iba a 'seguir' la estela de un coche equipado con una especie campana diseñada para crear una zona de aire sin turbulencias en las que poder alcanzar una alta velocidad. Esta campana también se conoce como 'el muro de la muerte' por que, tanto un ligero golpe de la rueda delantera con el rodillo de seguridad instalado en la parte inferior como cualquier mínima salida de la zona de seguridad libre de turbulencias generada por esta campana podía significar un grave (e incluso mortal) accidente para el corredor. La compenetración entre conductor y ciclista debía por tanto ser perfecta para poder conseguir el récord de velocidad. Al final, tal como se describe en este curioso relato gráfico de la proeza, Alfred Letourneur si consiguió establecer un nuevo récord alcanzando la asombrosa velocidad de 175 km/h. (Esta marca fue batida casi 25 años más tarde por otro compatriota suyo, José Meiffret, quien superó los 200 km/h). La fabrica Schwinn, sin embargo, no tuvo tanto éxito en sus objetivos comerciales: la entrada en la 2ª Guerra Mundial de Estados Unidos desvío gran parte de la capacidad productiva al esfuerzo bélico y, tras la contienda, el mercado de bicicletas para adultos no despegó de una manera equiparable a Europa hasta bien entrados los año 70s.Hoy en día es todavía posible encontrar en los velódromos este tipo de bicicletas en acción en unas competiciones llamadas 'stayers racing' que se siguen disputando en todas la grandes carreras de 6-días del centro de Europa. En esta competición los ciclistas ruedan detrás de una motocicleta (derny) alcanzando velocidades medias cercanas a los 100 km/h. El ganador es el primer equipo (motocicleta / ciclista) que completa un número determinado de vueltas al velódromo. Aparte de su evidente peligrosidad, esta disciplina fue finalmente eliminada por la UCI tras un aparatoso accidente en los mundiales de pista de 1994 y por los constantes rumores de 'pagos' a los conductores de las motos por decidir el ganador de la carrera. Las bicicletas utilizadas en estas carreras comparten unas cuantas características distintivas y únicas. La horquilla delantera, equipada con una rueda de 24" (600), tiene un avance negativo para permitir al corredor acercarse lo máximo posible al rebufo de la moto. Como el ciclista tiene que adoptar una posición lo más avanzada posible se instalan refuerzos y soportes extras en la potencia y el sillín. Los tubulares también suelen asegurarse adicionalmente con cinta adhesiva en los laterales para así evitar que se salgan de la llanta en caso de pinchazo. Un desarrollo típico para este tipo de competiciones puede ser un 66x16. Las ruedas de disco traseras son también muy comunes. Aunque nos puedan llamar la atención por lo desproporcionado de su medidas, estas bicicletas están pensadas y construidas para un tipo de uso muy especifico para el cual sí que cumplen de sobra su cometido: permanecer lo más cerca posible del rebufo del motorista mientras se dan vueltas al velódromo a unas velocidades muy elevadas. Para ello no sólo se necesitan unas formidables piernas si no también una gran capacidad de concentración y sangre fría para no cometer el más mínimo error en lo que bien podría llamarse un 'sprint del infierno'.

Mas información sobre estas carreras puede encontrarse aqui.